Con esta frase, dicha con mucha naturalidad, salimos de un box de urgencias mi compañero Gonzalo y yo después de hablar con el hijo de una paciente anciana que me había tenido preocupada toda la tarde y a la que finalmente diagnostiqué de un problema quirúrgico. El familiar quería una segunda opinión, porque de la mía no se fiaba. En solo dos minutos y prácticamente con mis mismas palabras mi compañero había convencido a ese hijo de lo que yo había sido incapaz minutos antes.
Ser una médico de urgencias joven cada vez en menos ocasiones supone un problema para mis pacientes pero ser joven y mujer todavía si.
Después de 15 años de ejercicio en el servicio de urgencias ya no me molesta; me hastía en ocasiones, en otras me apena.
Siempre digo que la Medicina de Urgencia me eligió a mí y no al revés. Es una de mis pasiones a la que sin duda dedico más tiempo y esfuerzo. Y lo hago desde la responsabilidad y el amor por mi trabajo. Igual que todos y cada uno de mis compañeros con los que comparto horas de insomnio, cansancio físico y emocional y momentos de satisfacción por el trabajo bien hecho. 15 años después siento que tengo el reconocimiento de mis compañeros y el agradecimiento de muchos de los pacientes y familiares con los que he compartido una fracción de sus vidas…y aún sigo sin “el bigote”
María Andrés Gómez, urgencióloga

Siempre es complicado “desnudarse” pero la razón bien lo merece. Soy un “apasionado de la vida”, pasión y vida están íntimamente ligadas, por eso me dedico a esta maravillosa especialidad. Pero poder disfrutar de estas emociones solo ha sido posible por el cuidado de la persona que delimitó mis primeros pasos, me guió siendo niño y posterior rebelde, por la implicación de la persona que más tarde me enseñó el significado de la palabra pasión y sin duda por el compromiso de las personas que me mostraron el camino iniciático de mi vocación, la MUE. Soy el reflejo de todas ellas y por tanto a ellas me debo. Son todas mujeres, son mis iguales y son además compañeras y amigas. Cuanto os siento y cuanto os quiero; ¡¡gracias!!
El equipo médico de urgencias de mi hospital está constituido en el momento actual por 8 mujeres y dos hombres. Visto de otra manera, también está formado por 3 mayores y por 7 jóvenes. Quizá menos importante, pero también está constituido por dos personas rubias naturales y el resto morenas. Yo diría que hay 5 altos y cinco bajos. No estoy seguro, pero deduzco que 4 son de derechas y 6 de izquierdas. Nueve guapos, entre los que me encuentro, y uno feo, o fea, que no lo aclaro, pero que por desgracia es amigo, o quizá amiga. Si me pusiera enfermo no me importaría que el médico que me asignaran fuera hombre o mujer, mayor o joven, rubio o moreno, alto o bajo, de derechas o de izquierdas, guapo o feo. Y la razón es que creo que en mi servicio tengo la suerte de que todos los médicos son inteligentes, y ninguno necio, y, sobre todo, porque, también por suerte, todos son buenos médicos de urgencias y ninguno malo. Cuando enfermo, no quiero fijarme en lo que tienen entre las piernas los médicos que me atienden, ni en su edad, ni en sus ideologías. No son las variables que me interesan. Lo único que deseo es que sean buenas personas y buenos médicos.