Mis primeras mentoras del buen hacer en Urgencias fueron mujeres. Ellas fueron mis referencias de cómo se podía, siempre, aportar algo bueno a cualquier paciente y compañero. Les estoy muy agradecido y me siento un afortunado de intentar seguir su ejemplo”
Carlos Ibero Esparza, urgenciólogo

Con esta frase, dicha con mucha naturalidad, salimos de un box de urgencias mi compañero Gonzalo y yo después de hablar con el hijo de una paciente anciana que me había tenido preocupada toda la tarde y a la que finalmente diagnostiqué de un problema quirúrgico. El familiar quería una segunda opinión, porque de la mía no se fiaba. En solo dos minutos y prácticamente con mis mismas palabras mi compañero había convencido a ese hijo de lo que yo había sido incapaz minutos antes.
Siempre es complicado “desnudarse” pero la razón bien lo merece. Soy un “apasionado de la vida”, pasión y vida están íntimamente ligadas, por eso me dedico a esta maravillosa especialidad. Pero poder disfrutar de estas emociones solo ha sido posible por el cuidado de la persona que delimitó mis primeros pasos, me guió siendo niño y posterior rebelde, por la implicación de la persona que más tarde me enseñó el significado de la palabra pasión y sin duda por el compromiso de las personas que me mostraron el camino iniciático de mi vocación, la MUE. Soy el reflejo de todas ellas y por tanto a ellas me debo. Son todas mujeres, son mis iguales y son además compañeras y amigas. Cuanto os siento y cuanto os quiero; ¡¡gracias!!
El equipo médico de urgencias de mi hospital está constituido en el momento actual por 8 mujeres y dos hombres. Visto de otra manera, también está formado por 3 mayores y por 7 jóvenes. Quizá menos importante, pero también está constituido por dos personas rubias naturales y el resto morenas. Yo diría que hay 5 altos y cinco bajos. No estoy seguro, pero deduzco que 4 son de derechas y 6 de izquierdas. Nueve guapos, entre los que me encuentro, y uno feo, o fea, que no lo aclaro, pero que por desgracia es amigo, o quizá amiga. Si me pusiera enfermo no me importaría que el médico que me asignaran fuera hombre o mujer, mayor o joven, rubio o moreno, alto o bajo, de derechas o de izquierdas, guapo o feo. Y la razón es que creo que en mi servicio tengo la suerte de que todos los médicos son inteligentes, y ninguno necio, y, sobre todo, porque, también por suerte, todos son buenos médicos de urgencias y ninguno malo. Cuando enfermo, no quiero fijarme en lo que tienen entre las piernas los médicos que me atienden, ni en su edad, ni en sus ideologías. No son las variables que me interesan. Lo único que deseo es que sean buenas personas y buenos médicos.